Salarios bajos, altos costos y cambios en el estilo de vida retrasan la adquisición de vivienda; expertos plantean proyectos más accesibles y adaptados a nuevas generaciones.
En México, la edad promedio para comprar una vivienda pasó de 29 a 39 años en las últimas tres décadas. Este retraso obedece a salarios bajos, altos costos de construcción, falta de opciones accesibles y cambios en la forma de vivir de las nuevas generaciones.
Actualmente, el precio promedio nacional de una casa alcanza 1.8 millones de pesos, con un incremento anual del 8.2%. Incluso en estados antes considerados económicos, como Durango, las viviendas ya superan el millón de pesos. En ciudades como Monterrey, las casas de menos de cuatro millones son cada vez más escasas, obligando a muchos compradores a mudarse a la periferia y enfrentar traslados largos y costosos.
Además, los hogares actuales ya no son como antes: jóvenes que viven solos, familias mixtas y compradores que prefieren departamentos bien ubicados en lugar de casas grandes y alejadas del centro.
Expertos señalan que la solución está en la “ultra diferenciación”, es decir, proyectos de vivienda que respondan a estilos de vida diversos, priorizando cercanía al trabajo, conexión con la naturaleza, bienestar y sustentabilidad.
De acuerdo con la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios, los millennials ya representan el 29% de los compradores recientes, aunque muchos lo hacen por primera vez y enfrentan precios que limitan su acceso. Para la generación Z, el panorama es aún más complicado, por lo que el mercado inmobiliario deberá reinventarse si quiere ofrecerles opciones reales.




