«Quiénes son tus cómplices?, preguntó la madre de una víctima del conocido monstruo de Ecatepec a lo que su esposa respondió: «Nosotros trabajamos solos».
«Carlitos» era como Araceli González siempre lo había llamado, en muchas ocasiones habían compartido la mesa o habían tenido pláticas ocasionales en los pasillos de su vivienda. Pero ahora, se encontraban ante policías ministeriales.
El asesino confeso se encontraba sentado junto a su esposa Patricia «N», custodiados tras las rejas en un cuarto de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México.
“Cuando los vi, los reconocí. Eran nuestros vecinos, nuestros amigos. Yo los apreciaba. Me dio mucha rabia e impotencia”, expresó Araceli.
Araceli pidió tener una conversación con los asesinos de su hija y le autorizaron unos minutos.
—¿Dónde está mi hija? —cuestionó.
—Ya la tienes, para qué te haces pendeja —respondió con indiferencia su antiguo vecino.
—¿Dime dónde está la otra mitad? —insistió Araceli, ya que en dos años de búsqueda sólo había sido encontrado el torso de su hija cerca de su vivienda.
—Ya te di la mitad. Solo te daré eso que ya tienes, no te hagas pendeja —contestó de nuevo el asesino confeso.
—¿Quiénes son tus cómplices?
—Ya no diré nada —contestó Juan Carlos.
—¿Te la vas a comer solito? ¿Fue el Miguel, verdad, El Chino? —presionó la madre de Luz del Carmen.
—Ni los conozco, a ellos no los metas…
A lo que interrumpió Patricia “N”: Nosotros trabajamos solos.
Después de la intensa charla, Araceli comentó como había sido en trato con los asesinos de su hija durante el tiempo que estuvieron siendo vecinos.
«Ellos tenían un hijo y nosotros somos muy niñeros, hasta cierto grado lo queríamos. Igual mi Luz lo quería, lo llevábamos a la tienda, le comprábamos cosas. Por el lado del niño fue que nos llegaron a nosotros, a nuestro corazón de pollo que tenemos”, dijo la madre de la víctima.
“Él se dio cuenta que a mi hija le gustaba la bisutería. Ese día mi esposo y yo trabajamos, ella estaba malita y se quedó en casa. Entonces yo creo que él vino y le dijo que su esposa estaba vendiendo unos aretes, unos collares. Mi hija, por la confianza que tenía, bajó y pues sucedió que al entrar a su casa este hombre hizo lo que hizo”.
Lo que expresó la madre de la víctima fue lo mismo que dijo el asesino en su declaración ante el Ministerio Público:
“Supe que le gustaba la bisutería, le comenté que tenía unos aretitos, cadenitas y bajó con ese engaño; esto fue en abril de 2012, y me reí porque no iba a pasar el 30 de abril con sus papás”.
Una vez que la menor entró a su casa, Juan Carlos la sometió hasta asfixiarla, la violó y la asesinó. El cuerpo de la niña se quedó en su casa varios días.
“Su papá, don Jorge, se metía en varias ocasiones a mi domicilio a platicar conmigo y ahí estaba su hija en mi baño, inclusive Jorge entró varias veces al baño, después cargué el costal a mi triciclo”, detalló el asesino confeso.
Justo cuando el monstruo de Ecatepec salió a tirar el cuerpo de Luz, se encontró con Araceli quién le hizo una pregunta incente:
—¿A quién lleva ahí encostalado? ¿A quién va a tirar?
—Voy a tirar basura.
“Yo qué iba a saber que él llevaba a mi hija. De saberlo se la quito y la saco. Para nosotros era común que el señor sacara bultos, cartón, todo este tipo de cosas”, dijo la mamá de Luz entre llantos lamentándose.
En 2014, dos años más tarde de el asesinato de la menor, se mudaron a otra casa pero dentro de la misma colonia Jardínes de Morelos. Muchas veces descaradamente cuando se topaban con los padres de Luz, les preguntaban que si ya sabían algo del paradero de la menor, incluso el mismo asesino colaboró en las declaraciones ministeriales para resolver el caso.
Justo ese mismo año, fue encontrado el torso de la menor Luz del Carmen a una calles de casa de Monte Altair. El asesinó confesó que las piernas de Luz habían sido comidas por sus propios perros.
“Cuando vimos la noticia en la televisión sentí un fuerte escalofrío. En ese momento supe que él había matado a mi hija. Era mi amigo, venía a comer a mi casa. No lo podía creer. Corrimos a la fiscalía, quería que me dijera de frente qué había hecho con mi hija”, dijo Araceli.




