La escultura de 33.41 metros obtuvo un récord Guinness y fue presentada como un símbolo de la tradición mexicana; sin embargo, su costo de producción y la falta de un desglose público de toda la megaofrenda generaron cuestionamientos sobre las prioridades presupuestales.
La Catrina monumental instalada en el Zócalo de la Ciudad de México alcanzó una altura de 33 metros y 41 centímetros, con lo que obtuvo un récord Guinness como la más alta del mundo. La estructura se convirtió en uno de los principales atractivos de las celebraciones del Día de Muertos, pero también abrió una discusión sobre el uso de los recursos destinados a este tipo de proyectos.
De acuerdo con el taller responsable de la obra, la producción de la escultura costó aproximadamente 11 millones de pesos. La cifra ha generado cuestionamientos sobre las prioridades del gasto público, particularmente ante las necesidades que persisten en sectores como la salud, la educación y la infraestructura urbana.
El debate no gira necesariamente en torno al valor de las tradiciones mexicanas ni al trabajo de los artesanos que participaron en la elaboración de la figura, sino a la pertinencia de destinar una cantidad millonaria a una instalación temporal mientras existen servicios públicos que requieren atención permanente.
El costo de la megaofrenda, bajo cuestionamiento
Además de la Catrina, la celebración incluyó una megaofrenda con miles de flores y otros elementos decorativos. Sin embargo, el costo total del conjunto de instalaciones no ha sido desglosado públicamente en la información disponible.
Esta falta de detalle dificulta conocer cuánto dinero se destinó al proyecto completo, qué conceptos integraron el presupuesto y cuáles fueron las aportaciones de las distintas áreas involucradas.
La transparencia en el ejercicio de los recursos públicos resulta fundamental para evaluar este tipo de iniciativas, especialmente cuando forman parte de eventos organizados por autoridades gubernamentales.
Cultura y necesidades sociales: el debate sobre las prioridades
La promoción de las tradiciones puede contribuir al turismo, la actividad económica y la difusión del patrimonio cultural. No obstante, también es legítimo preguntar si el gasto realizado fue proporcional a los beneficios obtenidos y si existían alternativas para aprovechar los recursos de manera distinta.
En México persisten problemas relacionados con el desabasto de medicamentos, las deficiencias hospitalarias, la infraestructura escolar y el deterioro de servicios urbanos. Frente a ese panorama, la inversión en espectáculos e instalaciones temporales puede convertirse en motivo de discusión pública.
Determinar si los 11 millones de pesos destinados a la escultura representaron una prioridad razonable requiere información completa sobre el presupuesto, su origen, los beneficios económicos y culturales del proyecto, así como las necesidades que compiten por los mismos recursos.
La pregunta de fondo es dónde termina la promoción cultural y comienza la discusión sobre las prioridades presupuestales. Más allá del récord Guinness y del atractivo visual de la Catrina, conocer el costo integral de la celebración permitiría a la ciudadanía evaluar con mayor claridad las decisiones de las autoridades y el destino del dinero público.




