El presidente estadounidense aseguró tener control absoluto sobre las políticas migratorias de México y Canadá, mientras defendía su decisión de desplegar la Guardia Nacional en Washington D.C.
En una serie de controvertidas declaraciones desde la Oficina Oval, el presidente Donald Trump afirmó este jueves que «México hace lo que le decimos que haga», en el marco de un discurso sobre seguridad fronteriza y su reciente decisión de federalizar el control policial en Washington D.C.
El mandatario republicano, quien firmaba una orden ejecutiva sobre seguridad social, desvió su atención hacia la frontera sur:
- Aseguró haber logrado «cero cruces» en los últimos tres meses
- Criticó la gestión de Joe Biden, acusándolo de inacción migratoria
- Se jactó de resolver el problema «sin necesidad de legislación»
«Antes teníamos criminales, líderes de pandillas y gente de prisiones inundando nuestro país», declaró Trump, contrastando con su afirmación de que ahora las fronteras están «en muy buena forma». Sus comentarios incluyeron también a Canadá, señalando que ambos países vecinos «finalmente respetan a Estados Unidos».
Repercusiones inmediatas:
La cancillería mexicana no ha respondido oficialmente, pero fuentes gubernamentales citadas por Reforma calificaron las declaraciones como «un ejercicio de narrativa política interna». Expertos en relaciones internacionales señalan que:
- Las afirmaciones ignoran la cooperación bilateral en seguridad
- Podrían tensar la relación en vísperas de las elecciones estadounidenses
- Contrastan con datos de CBP que muestran fluctuaciones (no eliminación) de cruces
Mientras Trump vinculaba estos logros con su polémico despliegue de la Guardia Nacional en la capital estadounidense, organizaciones proinmigrantes recordaron que su administración:
- Implementó el protocolo «Quédate en México»
- Expandió las deportaciones exprés
- Recortó el asilo humanitario
El discurso ocurre cuando encuestas muestran a Trump empatado con Biden en estados clave, donde la migración sigue siendo tema central. Analistas sugieren que estas declaraciones buscan reforzar su imagen de «presidente fuerte» ante su base electoral, aunque con posibles costos diplomáticos.
Hasta ahora, la Casa Blanca no ha proporcionado evidencia concreta sobre la supuesta obediencia mexicana a mandatos estadounidenses, en un contexto donde México sigue negociando tratos comerciales y de seguridad con autonomía.




