El productor y mánager murió a los 86 años; su hijo A.B. Quintanilla confirmó la noticia y destacó su papel decisivo en la carrera de la Reina del Tex-Mex.
La industria musical latina se encuentra de luto tras el fallecimiento de Abraham Quintanilla, padre de Selena Quintanilla y uno de los principales arquitectos de su carrera artística. El deceso ocurrió este 13 de diciembre de 2025, a los 86 años, y fue confirmado por su hijo A.B. Quintanilla a través de redes sociales.
Mediante un mensaje publicado en Instagram, A.B. Quintanilla informó la noticia y expresó el profundo dolor que atraviesa la familia. En su publicación, subrayó la importancia de su padre tanto en el ámbito personal como profesional, al reconocerlo como una figura determinante en el éxito internacional de Selena y en la proyección del Tex-Mex a nivel global. “Con el corazón lleno de tristeza, quiero informarles que hoy falleció mi padre”, escribió el músico, acompañado de una fotografía del productor.
Hasta el momento, la familia no ha dado a conocer las causas del fallecimiento. Sin embargo, la noticia provocó una inmediata reacción de seguidores, artistas y colegas del medio, quienes destacaron la influencia de Abraham Quintanilla en la música latina y su papel como visionario detrás de uno de los fenómenos culturales más importantes de las últimas décadas.
Además de fungir como representante y mánager de Selena, Abraham Quintanilla también fue cantante, compositor y productor. Su disciplina y estrategia fueron clave para consolidar la carrera de la llamada Reina del Tex-Mex, así como para impulsar los proyectos musicales de sus hijos A.B. y Suzette Quintanilla.
Su legado trascendió la música. Quintanilla participó como productor ejecutivo en la película biográfica Selena (1997), protagonizada por Jennifer Lopez, cinta que contribuyó a internacionalizar la historia de la cantante y a preservar su impacto cultural para nuevas generaciones.
Con su fallecimiento, se cierra un capítulo fundamental en la historia del Tex-Mex y de la música latina. Abraham Quintanilla deja una huella imborrable como el impulsor de un legado que, a casi tres décadas de la muerte de Selena, continúa vigente y profundamente arraigado en la memoria colectiva.




