La vivienda se ha encarecido al punto de ser inaccesible para la mayoría de jóvenes; adquirir un crédito hoy requiere ingresos que triplican el salario promedio
Durante buena parte del siglo pasado, tener una casa propia antes de los 30 era una aspiración alcanzable. Muchos mexicanos conseguían su primer hogar entre los 25 y 35 años, incluso con un solo ingreso familiar y varios hijos. Hoy, esa posibilidad luce remota.
Según datos de la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), de enero a marzo de 2025, el precio promedio de una vivienda con crédito en México fue de un millón 859 mil pesos, con un incremento del 8.2% respecto al año anterior. Mientras tanto, el ingreso promedio mensual de los trabajadores afiliados al IMSS es de 18 mil 657 pesos, lo que resulta insuficiente para cubrir una hipoteca.
Con una tasa de interés promedio de 11.65% y un plazo de 20 años, se necesitaría ganar más de 61 mil pesos mensuales para pagar una casa bajo condiciones estándar, considerando un enganche del 10% y destinando el 30% del ingreso al pago mensual. Un lujo que menos del 1.2% de la población —clasificada como clase alta— puede darse sin comprometer sus finanzas.
No obstante, el 42.2% de los hogares pertenecen a la clase media, y la edad promedio para solicitar un crédito hipotecario sigue rondando los 37 años. Esto indica que, si bien es difícil, aún hay formas de acceder a una vivienda, principalmente a través de créditos compartidos.
“Tres de cada cuatro créditos se solicitan en pareja”, explicó Antonio Artigues, directivo de HSBC México, quien también destacó que los esquemas como el pago creciente o los avales flexibles han permitido seguir dinamizando el mercado.
Además, el mercado inmobiliario se comporta de forma dispar por región. Mientras en la Ciudad de México el precio promedio ronda los 3.8 millones de pesos, otras ciudades como Querétaro, Puebla, Mérida y Tijuana ofrecen costos más accesibles y mejor calidad de vida, lo que ha impulsado una nueva migración juvenil hacia zonas menos saturadas.
Aunque la vivienda parece cada vez más fuera de alcance, las opciones financieras actuales ofrecen un respiro. Con ingresos dobles, estrategias de financiamiento inteligente y apertura a otras regiones, la casa propia sigue siendo posible, pero ya no se consigue con juventud: requiere planeación, paciencia y, muy probablemente, compañía.




