La temporada de calor en México está próxima a iniciar, pese a que en diversas regiones del país aún se registran los efectos del invierno y el paso de frentes fríos. El aumento gradual de las temperaturas marcará un periodo clave del año, no solo por su impacto directo en la salud de la población, sino también por su relación con la sequía, la temporada de huracanes y otros fenómenos meteorológicos extremos.
De acuerdo con información del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y del portal oficial del gobierno del Estado de México, la temporada de calor suele comenzar a partir de la tercera semana de marzo y se extiende hasta la primera semana de octubre. Aunque en algunas zonas del país las altas temperaturas pueden presentarse de forma anticipada, este periodo marca un incremento sostenido del calor en gran parte del territorio nacional.
Durante los meses comprendidos entre marzo y septiembre, las autoridades sanitarias reportan un aumento en padecimientos asociados al calor, como deshidratación, enfermedades diarreicas agudas, insolación, calambres por calor, quemaduras solares y golpe de calor. Estas afectaciones están relacionadas tanto con el incremento térmico como con cambios en los hábitos cotidianos, entre ellos una mayor exposición al sol y una hidratación insuficiente.
Las olas de calor representan un riesgo particular para los grupos más vulnerables, especialmente niñas y niños, quienes cuentan con una menor capacidad para regular su temperatura corporal. Según datos de UNICEF, retomados por el gobierno de México, alrededor de 559 millones de menores en el mundo ya se encuentran expuestos a un aumento en la frecuencia de olas de calor. Esta cifra podría elevarse hasta 2 mil 20 millones para el año 2050, como consecuencia del cambio climático.
Ante este escenario, las autoridades recomiendan adoptar medidas preventivas para reducir los efectos del calor extremo. Entre las principales sugerencias se encuentran evitar la exposición prolongada al sol, utilizar ropa ligera y de colores claros, incrementar el consumo de líquidos, no realizar actividad física entre las 11:00 y las 16:00 horas, usar sombreros o gorras y permanecer en espacios frescos y bien ventilados.
En el contexto internacional, un informe reciente del Met Office, el servicio meteorológico del Reino Unido, prevé que 2026 será otro año con temperaturas promedio superiores a 1.4 grados Celsius respecto a los niveles preindustriales registrados entre 1850 y 1900. La estimación central apunta a 1.46 grados, cifra menor al récord alcanzado en 2024, cuando se registraron 1.55 grados, pero suficiente para ubicar a 2026 entre los cuatro años más cálidos de la historia.
Especialistas advierten que rebasar el umbral de 1.5 grados Celsius incrementa de manera considerable el riesgo de impactos climáticos severos, como fenómenos extremos más frecuentes e intensos, además de reducir la capacidad de adaptación de las comunidades frente al cambio climático, un desafío que continúa agravándose a nivel global.
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