El movimiento de la llamada Cuarta Transformación presume que Andrés Manuel López Obrador terminó su mandato con 80% de aprobación, de acuerdo con encuestas como Enkoll. Sin embargo, ese respaldo no habría logrado transferirse a su sucesora, Claudia Sheinbaum, quien enfrenta un arranque complicado en materia de percepción pública.
La firma Morning Consult reportó que, entre el 6 y el 12 de noviembre, la presidenta registró 41% de aprobación y 53% de rechazo. El Global Leader Approval Rating Tracker la coloca en una posición similar a la del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien tiene 52% de desaprobación.
Dentro del ranking de los 10 líderes mundiales con mayor popularidad, Sheinbaum ocupa el octavo lugar y Trump el noveno. Ambos se encuentran por encima del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, con 39% de respaldo.
En contraste, el primer ministro de India, Narendra Modi, encabeza la lista con 71% de aprobación. En América del Norte, Sheinbaum también queda por debajo del primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien registra 49%. Y en Latinoamérica es superada por el argentino Javier Milei, quien aparece con 56%.
La misma encuesta colocó a López Obrador como uno de los líderes con mayor aprobación en el mundo durante 2020 y los años siguientes, con niveles superiores al 60%, solo por debajo de Modi.
Reacciones al índice de aprobación y contexto previo a la marcha del 15 de noviembre
El debate sobre la popularidad de Sheinbaum creció en medio de la convocatoria de la llamada marcha de la Generación Z, promovida inicialmente por jóvenes en redes sociales para denunciar corrupción, inseguridad y violencia, así como para exigir mayor transparencia. En algunos llamados incluso apareció la demanda de revocación de mandato.
La movilización tomó fuerza tras hechos violentos como el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, y el homicidio del líder limonero Bernardo Bravo.
Durante sus conferencias matutinas, Sheinbaum puso en duda la autenticidad del movimiento, señalando que la convocatoria “parece estar manipulada” y que algunos organizadores originales ya se habrían deslindado.
La presidenta declaró que los jóvenes “tienen derecho a inconformarse”, pero insistió en que es necesario “saber cómo se construyó la convocatoria”. También advirtió que si quienes promueven la marcha “llaman a la violencia”, debe existir un deslinde claro.
Estas declaraciones provocaron críticas por parte de opositores y usuarios en redes, especialmente tras la colocación de vallas y barricadas de concreto en los alrededores de Palacio Nacional, medidas que se reforzaron en vísperas de la marcha.
El debate continúa mientras se acerca la movilización y se revisan las señales políticas que acompañan los primeros meses del nuevo gobierno federal.
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